Mañana se termina para mí un periodo de cinco meses en una de las
ciudades más vibrantes y maravillosas del hemisferio occidental. Cuando miro atrás y veo cómo salió este viaje casi de la nada, sin tener siquiera el dinero, me queda claro que Dios existe. De una forma casi milagrosa aparecieron el dinero, los papeles, los contactos. Todo se dió para que yo pudiera venir aquí. Con un presupuesto bastante limitado, cierto, pero jamás me faltaron el abrigo ni el alimento gracias a Él. En retribución, estudié duro y aprendí muchas cosas. Aquí las cinco lecciones más importantes:
1. El tiempo tiene un valor incalculable. La vida es lo suficientemente corta como para, además, tirarla por la borda. Hay que accionar, no quedarse indiferente viendo cómo nos pasa la vida.
2. La disciplina es en una de las armas más importantes con que cuenta el ser humano para hacer realidad sus sueños. Conocí gente que ha llegado muy lejos solo echando mano de una enorme fuerza de voluntad.
3. Encontrar una pasión debe ser un imperativo. Esto lo aprendí de un profesor cuyo curso es simplemente maravilloso porque es evidente que es un apasionado de su área. Para crecer como ser humano hay que encontrar una actividad/hobbie/pasatiempo/oficio que nos guste hacer, sin recibir inmediata o necesariamente una retribución externa más allá del placer mismo de hacerlo. Yo, en estos cinco meses, encontré mi pasión... y no tiene nada que ver con lo que estudié en la Universidad.
4. El dinero es importante, pero es posible vivir con mucho menos de lo que usualmente pensamos sin que sea el fin del mundo. Hay que saber administrarlo e invertirlo en lo verdaderamente relevante. Muchos objetos no te llenan tanto el espíritu como una buena foto... y hacer fotos ¡es gratis!
5. Viajar... la mejor universidad, es el mundo.
Control